Después de Nicaragua seré otro...
Peter Lilienthal
En noviembre del año 1979 inició Peter Lilienthal los trabajos de filmación para su largo metraje argumental titulado La Insurrección. El tema de su película es la lucha de liberación adelantada por los sandinistas contra el régimen de Anastasio Somoza en Nicaragua. La película recoge algunos de los puntos culminantes de esa lucha en León, ciudad próxima a Managua, la capital del país, y primer territorio liberado del país. Muchos de los habitantes de León, los guerrilleros urbanos de los tiempos de combate, lo mismo que unidades regulares del Ejército sandinista, se encuentran entre los participantes en los trabajos cinematográficos relacionados con La Insurrección.
Con esta película Peter Lilienthal, quien se hizo acreedor en 1979 al “Oso de Oro” del Festival de Berlín por su largometraje titulado David, realizó con La Insurrección su tercera película “latinoamericana”. Las anteriores fueron La Victoria y Reina la tranquilidad en todo el país, de los años 1973 y 1975, respectivamente.
Pregunta - ¿Cuál es el tema de la Insurrección?
Respuesta – En Nicaragua ha tenido lugar un insurrección popular, cumplida en una forma que, a mí entender, hasta ahora había resultado imposible en los demás países de Latinoamérica. Dado que yo no describo acontecimientos actuales, sino que aprendo mucho de esos acontecimientos para llegar a la cristalización de un tema, de una historia, en este caso hallé condiciones previas que debo calificar de incitantes, en tal sentido.
Se trata, una vez más, de una “historia de generaciones”. El hijo es soldado, y se ve forzado a formar parte de un ejército de corte fascista. El padre lo entiende así, y procura impedirlo; y de hecho lo consigue, pues el hijo deserta. En este argumento el punto que me interesa, más en particular, es el personaje del soldado, pues todas las dictaduras necesitan de hombres para su propia defensa.
Hasta la actualidad creo que existen muy pocas descripciones en Latinoamérica que expliquen el modo cómo alguien se llega a decidir a ser soldado, a hacerse soldado. Más todavía: son casi inexistentes aquellas que muestren cómo un soldado se vuelve contra su propio pueblo. Este hecho, naturalmente, ha ocurrido con mucha frecuencia en Nicaragua, por haber existido allí el militar a sueldo: encontramos campesinos pobres que se vieron obligados por Somoza a ingresar a la Guardia Nacional, y que más tarde actuaron de un modo absolutamente bárbaro contra sus propios hermanos.
P.- En el equipo alemán de producción de La Insurrección figuraron también colegas de Costa Rica, país vecino de Nicaragua. ¿De qué manera surgió esta forma de colaboración?
R.- Para poder realizar la producción, buscamos en Centroamérica un equipo profesional; y bueno: en Costa Rica encontramos un actor, un director de producción y un autor dramático. Los tres, en común, mantienen en San José la productora ISTMO-Film y una sala de cine de arte de categoría. Hablamos con ellos y les contamos que queríamos filmar una historia sobre el tema de una familia.
Mi sorpresa fue luego grandísima al hallarme con colegas de una pasión, de un interés en el trabajo que, en realidad, debo decir que muchas veces he echado de menos en Alemania y, digamos aún más en Europa.
P.- El escenario de los hechos, esa ciudad de provincia que es León, se encuentra a unos noventa kilómetros de Managua, la capital del país. Mi pregunta es: ¿qué los llevó a decidirse precisamente por esa localidad?
R.- Se me hicieron recomendaciones. Yo solamente sabía que León era una conocida ciudad universitaria y, por cierto, en León las puertas se me abrieron en todos los lugares. Es eso, exactamente, lo que busco. Las gentes son de calidad, de una condición tal, que todos están dispuestos a contar algo, a participar en algo...
León sufrió bombardeos tan fuertes, fueron tantos los ataques con diversos tipos de armas, que yo diría que apenas si existe en el centro urbano una sola casa que no muestre huellas de la lucha. Y también en la periferia de la ciudad se ven muchas casas quemadas y bombardeadas.
P.- ¿Utilizó usted también como actores a personas no profesionales?
R.- Sí. El joven que hace el papel de hijo es un soldado, hijastro de un fotógrafo cuya casa fue saqueada. Los únicos actores profesionales son una muchacha de Costa Rica, quien hace el personaje de la hermana, y un actor argentino. Todo el resto eran amigos y vecinos nuestros.
P.- Usted se crió en Latinoamérica, en el Uruguay, y por eso habla perfectamente español. ¿En qué forma se presentará la película a los espectadores alemanes?
R.- Si es posible, en su forma original, con subtítulos. Si más tarde se ve que el público está en contra, siempre cabrá hacer el doblaje. Pero en el caso de una película como esta, tan ligada al colorido local, y también al lenguaje popular, no puedo concebir realmente la necesidad de doblarla.
P.- ¿En qué forma calificaría usted su película: como cine documental o en qué otro género podría ser incluida?
R.- No sé si eso de documental resulta en este caso una buena definición. En el asedio ala comandancia local por los sandinistas, se tomaron rehenes; en el asedio mismo participaron muchachos jóvenes que luego han intervenido también en la película. Quizás el entusiasmo y la entrega de la gente para reconstruir sus vivencias de cuatro meses atrás, puede definir la idea de “película documental”. Yo tenía mucho miedo de hacer la película inmediatamente después de aquella terrible época, porque encontré a las personas tan traumatizadas que, por ejemplo, resultaba imposible hacer que la Guardia Nacional saliera de pronto a la calle sin que se produjeran inmediatamente disparos.
P.- La República Federal de Alemania ha prometido ayudar a Nicaragua. ¿Cree usted que su película puede ayudar a despertar la comprensión del público alemán con respecto a esa medida?
R.- Espero que la comprensión del público vaya más allá de la comprensión ante la ayuda prometida por la República Federal de Alemania. Porque una película de esta naturaleza no tiene como único fin facilitar las medidas de ayuda que puede adoptar, por ejemplo, el Ministerio de Cooperación Económica.
Una película que pretende poner de manifiesto nuestra propia complicidad, preguntarse cómo hemos hecho las cosas para que el régimen de la dinastía somocista se mantuviera durante más de tres decenios, apoyado, directa o indirectamente, por Europa y los Estados Unidos. No hubo emisora de TV ni periódico alguno que tuvieran el valor suficiente para actuar en contra. Ahora, cuando, por decirlo así, ya se está autorizado por todos, ahora si, de repente, todos quieren ayudar. Es antes cuando han debido hacerlo.
P.- Usted dijo en alguna ocasión, en una entrevista: “Después de Nicaragua, seré otro”. ¿Qué quería decir con esa afirmación?
R.- Quería decir algo muy sencillo: Tengo la conciencia de que a veces soy un tanto comodón y de que tomo las cosas muy a la ligera. Luego de lo que he vivido en Nicaragua, me planteo a mi mismo mayores exigencias. Veo con claridad que los más ricos del mundo somos excesivamente libres y tenemos posibilidades que no aprovechamos por entero. Por tal razón debo exigir más de mi mismo y - si esto resulta factible en alguna forma –también de aquellos a quienes puedo hacer partícipes de mis reflexiones.
Nicaràuac – Año 2 – No 4
Revista Cultural
Enero-marzo 1981
Managua, nicaragua
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